Don Ernesto Carcamo, Nuestro Voluntario Insigne

“Extraño el Castro de antes, eso que llaman el Chiloé Profundo”

Voluntario insigne de la Quinta Compañía de Bomberos, este exprofesor del Liceo Politécnico, ha sido uno de los impulsores del deporte local como uno de los fundadores del Club Deportivo Estudiantes y de la Asociación de Árbitros.

M. Eugenia Núñez G. – Gentileza Diario La Estrella de Chiloe – Link

Fiel testigo de las grandes transformaciones sociales de la comuna de Castro, a sus 90 años Manuel Ernesto Cárcamo Cárcamo, se confiesa como “un gozador de las cosas simples de la vida”.

Conocido como “Huenuco” por su lugar de origen en un sector de la Península de Rilán, el exdocente del Liceo Politécnico es uno de los vecinos con un amplio currículo como impulsor y fundador de valiosas instituciones que han marcado el quehacer de esta comunidad, que lo hicieron merecedor de un reconocimiento como vecino ilustre por la Municipalidad de Castro en febrero, premio que no se lo esperaba, como señaló.

“Tengo el honor de ser uno de los tres alumnos aún vivos que fuimos fundadores de la Escuela de Artesanos de Castro, la que luego pasó a llamarse Escuela Industrial, después Instituto Politécnico y hoy Liceo Politécnico”, recuerda el exmaestro.

Con una memoria envidiable y con anécdotas que pueden remontar al oyente hasta tiempos en que la capital insular era tan sólo un pueblo, este también bombero insigne de la Quinta Compañía local, cursó sus estudios profesionales en la Escuela Industrial de Valdivia, lo que más tarde y tras su paso por una maestranza en esta misma ciudad compatibilizó con un curso regulatorio de docencia que impartía el Ministerio de Educación, más tarde hizo clases en el Liceo Politécnico, hasta su jubilación el año 1994.

-¿Cómo recuerda sus inicios en este plantel ya como profesor?

-Empecé haciendo clases en la especialidad de carpintería de ribera, que más tarde dio paso a construcción. Luego se sumaron clases en las otras especialidades como mecánica y electricidad, hasta el día que jubilé.

-Usted hace tres años recibió un importante reconocimiento de Bomberos.

-Sí, el de voluntario insigne de la Quinta Compañía cuando cumplí 50 años de servicio, lo cual me llenó de orgullo. Yo fui capitán de esta unidad bomberil. La labor de bomberos es muy sacrificada y a través de ella fui testigo de gigantescos incendios como el de la exgobernación y el del Politécnico el año 1993. Ese día lo recuerdo bien, estaba en una comida familiar, era Navidad, cuando me avisan del incendio no lo podía creer, partí corriendo y me uní a mis compañeros… que pena más grande fue ver cómo las llamas consumían el Poli.

-¿Lo ha marcado su estrecha relación con el deporte local?

-Es que a mí siempre me ha gustado el deporte, (he sido) jugador de fútbol toda mi vida. Fui fundador del Club Deportivo Estudiantes y de la Asociación de Árbitros de Castro en 1960. Esta última institución se creó porque era una necesidad urgente, antes el que podía arbitraba y eso no podía seguir así, no había formación. Creo que las instituciones deportivas han sido una parte fundamental de nuestra historia como castreños.

-Al inicio de la conversación señaló que se siente un agradecido de la vida…

-Así es. Me dio una gran familia, a mi señora, cuatro hijos, seis nietos y cinco bisnietos, unas buenas manos para que pueda construir mi casa y un trabajo en el Poli del cual siempre estaré infinitamente agradecido porque me permitió educar a mis hijos, entre otras alegrías más.

-¿Cómo ha visto el desarrollo de la ciudad?

-Creo que ha sido un desarrollo que ha involucrado el progreso, la evolución. Castro era un pueblo, en los años ’30 recuerdo que llegó el primer auto y eso se convirtió en la novedad de la época, luego las casas se empezaron a extender desde calle Freire hacia arriba, hasta que poco a poco el pueblito se convirtió en ciudad.

Extraño el Castro de antes, eso que llaman el Chiloé Profundo, esas manifestaciones culturales tan nuestras. Recuerdo que en las calles uno se encontraba con yuntas de bueyes, luego con carretas, pero todo fue desapareciendo.

Otro hito que marcó la ciudad fue también el terremoto, yo vivía en ese tiempo en calle Lillo, mi casa desapareció, pero gracias a Dios mi familia se salvó… ese día fue terrible, Castro quedó en las ruinas, la plaza era un campamento donde la gente se protegió, también como otros lugares que sirvieron de abrigo porque muchas casas desaparecieron con el agua.

El terremoto también se llevó el ferrocarril y todo ese romanticismo que significaba, nosotros mismos como futbolistas nos íbamos en tren a jugar a Ancud, ojalá algún día regrese, sería maravilloso.

“Como muchos de mis colegas tengo una pensión paupérrima, ningún Gobierno se ha hecho cargo de la deuda histórica”.”